En el cierre de la multitudinaria marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en Corrientes, frente al Espacio de Memoria RI9, se leyó un documento colectivo que condensó el sentido profundo de la jornada: memoria como lucha, como presente y como horizonte.
A 50 años del golpe de Estado, las palabras no buscaron sólo recordar, sino interpelar. “Que nos digan dónde están”, fue una de las consignas que atravesó el texto, reafirmando una demanda histórica que sigue vigente. La memoria, se dijo, no es una evocación pasiva, sino una construcción activa que florece allí donde antes quisieron imponer el silencio.
El documento definió con claridad el carácter del período iniciado el 24 de marzo de 1976: terrorismo de Estado, un plan sistemático que no sólo persiguió, secuestró y desapareció personas, sino que también buscó desarticular la organización popular e imponer un modelo económico excluyente, sostenido por complicidades civiles y apoyos internacionales.
Desde ese mismo espacio —que supo ser parte del engranaje represivo— hoy se levanta otra voz. Una voz que nombra, que reconstruye y que transforma. “Cada nombre recuperado es una forma de decir que seguimos de pie”, se expresó, en una de las frases más sentidas del texto.
El documento también reivindicó a las y los 30.000 detenidos-desaparecidos, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y a todas las personas que lucharon por un país más justo. En esa línea, se subrayó una idea central:
“No hay memoria sin justicia. No hay justicia sin compromiso. No hay futuro sin memoria.”
En un contexto actual atravesado por discursos negacionistas y relativizadores, el mensaje fue contundente: la memoria no se negocia. Se defiende con organización, con presencia y con participación, especialmente de las nuevas generaciones que hoy toman la posta.
El texto también trazó un puente entre pasado y presente, advirtiendo sobre políticas que reproducen lógicas de exclusión y desigualdad. Frente a eso, se llamó a la unidad para defender los derechos conquistados y el patrimonio colectivo.
Hacia el final, la lectura alcanzó uno de sus puntos más intensos, con una afirmación que sintetiza el espíritu de la jornada:
“La memoria no es pasado: es presente activo.”
Y luego, como un grito que se volvió multitud:
“¡30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, presentes! ¡Ahora y siempre!”





