Miles de personas se movilizaron este 24 de marzo a 50 años del golpe cívico-militar, en una jornada que reafirmó, una vez más, el compromiso colectivo con la memoria, la verdad y la justicia. Desde la concentración en Punta San Sebastián, la columna comenzó a avanzar lentamente por la costanera, acompañada por el murmullo constante del río Paraná, como un testigo silencioso de la historia.

Familias enteras, jóvenes, organizaciones sociales, políticas, sindicales y culturales se sumaron a la marcha. Las banderas, los pañuelos blancos, los carteles con rostros y nombres, fueron tejiendo un paisaje cargado de sentido. La presencia juvenil —numerosa y activa— fue uno de los rasgos más destacados de la jornada, marcando una continuidad generacional en la lucha por los derechos humanos.

El recorrido avanzó bordeando el río, en una postal donde la memoria se volvió cuerpo colectivo. Hubo cantos, consignas, abrazos, y también silencios densos, de esos que dicen más que cualquier palabra. Cada paso fue una forma de recordar y también de afirmar que el pasado no se clausura, sino que interpela el presente.

La marcha culminó en el Espacio de Memoria RI 9, sitio emblemático de la ciudad, donde durante la última dictadura funcionó un centro clandestino de detención. Allí, frente a ese territorio marcado por el horror, la multitud se reunió para escuchar el documento consensuado por los organismos y organizaciones convocantes.

El acto final condensó la emoción de toda la jornada. La memoria, lejos de ser un ejercicio del pasado, se expresó como una herramienta viva, necesaria, urgente. En cada palabra, en cada aplauso, en cada mirada compartida, se reafirmó una convicción profunda: que la democracia se construye con memoria, y que el “Nunca Más” no es solo una consigna, sino un compromiso activo que se renueva en cada generación.






