En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Conferencia Episcopal Argentina difundió un mensaje que invita a toda la sociedad a renovar la memoria, asumir una autocrítica colectiva y reconstruir la fraternidad como camino para consolidar una Nación más justa.
El documento, elaborado por la Comisión Permanente del episcopado, plantea con claridad una definición que atraviesa su núcleo: “Nunca más” a la violencia de la dictadura y “siempre más” a una democracia justa. En esa afirmación resuena no solo el rechazo al terrorismo de Estado, sino también una interpelación al presente.
La memoria como camino
El mensaje recuerda que los años iniciados en 1976 marcaron una de las etapas más dolorosas de la historia argentina, atravesada por la violencia, la persecución y la desaparición de personas. A cincuenta años, la Iglesia reconoce la gravedad de lo ocurrido y señala que la memoria exige una revisión sincera, tanto de la sociedad como de las instituciones que la componen.
En esa línea, retoma palabras del Papa Francisco, quien advierte sobre el peligro del olvido: no se puede avanzar sin una “memoria íntegra y luminosa” que mantenga viva la conciencia colectiva y preserve el recuerdo de las víctimas.
El texto pone en el centro el dolor de las familias de los desaparecidos, subrayando que ese sufrimiento se vuelve aún más profundo cuando no hay cuerpo, cuando no hay duelo posible. Por eso, afirma que hacer memoria no es mirar hacia atrás, sino comprometerse con el presente y el futuro.
Democracia, dignidad y justicia social
Más allá del pasado, el mensaje traza una reflexión sobre la democracia actual. Señala que no puede haber verdadera libertad sin justicia social, ni democracia plena si existen sectores excluidos o vulnerados en sus derechos.
En este sentido, plantea la necesidad de una sociedad que garantice trabajo digno, acceso a la educación y condiciones de vida justas para todos. Advierte también sobre los riesgos de la violencia en el discurso público, la polarización y el avance de lógicas que priorizan al más fuerte sobre el más débil.
La democracia —sostiene el documento— se fortalece cuando incluye, cuida y reconoce la dignidad de cada persona, y se debilita cuando deja a alguien afuera.
El desafío de reconstruir la fraternidad
Uno de los ejes centrales del mensaje es la idea de reconstruir la fraternidad social. Para ello, propone recuperar el diálogo como herramienta fundamental para resolver conflictos, evitando la agresión y el enfrentamiento permanente.
La invitación es a desarmar el lenguaje de odio, a renunciar a la violencia —incluso en sus formas más sutiles— y a construir una convivencia basada en el respeto, la escucha y la búsqueda del bien común.
En palabras del documento, se trata de volver a elegir el diálogo, de transformar las palabras en puentes y no en armas.
Un compromiso que atraviesa el tiempo
En su cierre, el mensaje reafirma que la democracia se funda en el respeto irrestricto a la dignidad humana y que ninguna forma de violencia puede ser aceptada en su nombre. Recuerda que el sistema democrático no admite la eliminación del adversario, sino que propone el debate como forma de construcción colectiva.
A cincuenta años del golpe, la voz de la Conferencia Episcopal Argentina se suma a las múltiples expresiones que, desde distintos sectores, vuelven a decir que la memoria no es solo un acto conmemorativo, sino una responsabilidad compartida.






