El Sitio de Memoria RI9 vivió el pasado sábado una intensa jornada solidaria de trabajo, arte y encuentro comunitario, organizada en el marco de las actividades por los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Desde temprano, decenas de personas se acercaron al predio para colaborar en tareas de mantenimiento, limpieza y preparación del espacio, reafirmando el compromiso colectivo con la preservación de este lugar histórico.

Durante la mañana se llevaron adelante trabajos de limpieza general y desmalezamiento, además del acondicionamiento de distintos sectores del predio. Estas tareas permitieron avanzar en la puesta en valor del sitio de cara a las actividades conmemorativas que se desarrollarán en las próximas semanas. Al mismo tiempo, comenzaron los preparativos para instalar muestras y elementos decorativos vinculados a la memoria y a la conmemoración del medio siglo del golpe.

Ya en las primeras horas de la tarde, el arte comenzó a ocupar un lugar central en la jornada. Artistas plásticos correntinos intervinieron lienzos en la galería del edificio que da frente a la avenida 3 de Abril, creando obras alegóricas a los 50 años del golpe de Estado. Las pinturas, realizadas a la vista del público, despertaron la curiosidad de quienes transitaban por el lugar y se detenían a observar el proceso creativo, convirtiendo el espacio en un punto de encuentro entre memoria, arte y ciudad.

Más tarde, cuando el sol comenzaba a caer, el antiguo patio de armas de la guarnición militar se transformó en sala de cine al aire libre. Allí se proyectó la película “Senda India”, dirigida por Daniela Seggiaro, en el marco del ciclo de cine que acompaña las actividades de 50 Veces Memoria. La función permitió compartir una experiencia cinematográfica colectiva en un lugar cargado de historia, donde las imágenes dialogaron con el pasado y el presente del sitio.
La jornada concluyó ya entrada la noche con la presentación de La Correntada, una cuerda de tambores afrolatinos que llenó el espacio de ritmo y energía. Los sonidos de los tambores resonaron en el predio como una celebración de la vida, la cultura y la memoria compartida.






